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Ver viviendo a un cubano en Cuba

septiembre 22, 2009 Deja un comentario

Grietas en la parte externa del muro.

Imagen www.jornada.unam.mx

Imagen jornada.unam.mx

No recuerdo haber tenido la oportunidad de haber visto en los grandes medios de comunicación imágenes de personas que caminaran, saludaran y hablaran justo en el mismo instante en que ellas lo estuvieran haciendo en algún lugar de la isla de Cuba. Quizás haya podido suceder durante la visita del papa Juan Pablo II en el año 1998 o en alguna otra ocasión, pero unas pesquisas a las volandas a Google no nos da garantía de ello. Luego entonces, con el concierto Paz sin Fronteras realizado en la Plaza de la Revolución de La Habana y su transmisión en directo por televisión abierta pareciera que estuviéramos ante un hecho nuevo para esta generación: ver viviendo a un cubano en Cuba.

De corriente nos llegan las trasmisiones de eventos deportivos o culturales desde cualquier parte del mundo, sin que ni siquiera nos preguntemos qué situación política posee el país que la realiza. Una celebridad mundial lo es sin que necesariamente lleve a su país cargado en la espalda. Pero con Cuba y los cubanos la medición ha sido otra.

Un artista, un  deportista o un simple trabajador colombiano en el exterior, adopta sin mayores remilgos el eslogan de que está en otras tierras haciendo patria. Esta situación por lo regular es un hecho muy positivo, y dependiendo del caso, es motivo de orgullo tanto para el ciudadano común como para la oficialidad gubernamental. Pero un cubano en exactamente las mismas condiciones suele ser llamado disidente y, según la postura ideológica asumida, es causa de admiración o de repulsión.

Imposible era pues que el espectáculo que se le ocurrió a Juanes quedara exento de la controversia.

Ese día del concierto, una muchacha cubana que daba su alegre opinión en directo antes del evento despertó en mis contertulios el morbo de buscarle en sus gestos, en sus palabras o en su ropa, alguna seña, algún código oculto, cualquier indicación de que lo que estaba diciendo no era lo que ella realmente quería decir. Para mí, que recorro frecuentemente la Internet, que me inquietan los temas de la política internacional y que he tenido algún tipo de contacto con las vivencias de la isla, me sorprendió un poco que para ellos, mis amigos, la situación era que ella, la cubana, por serlo, no podía caminar contenta a disfrutar de un espectáculo musical, como nosotros, sino que debía hacerlo en la medida en que una de las esquinas ideológicas que se enfrentan en esa nación dominara cada uno de sus pasos. Ni siquiera el entorno escapó del febril análisis, tal como lo dio a entender un familiar que, al notar que al lado de la entrevistada había un vehículo de modelo reciente, expresó: ¿Y en Cuba hay carros así?

Pero a medida que iban pasando los artistas y el inclemente sol se acercaba al horizonte, los prejuicios fueron menguando. Ver en los cubanos ciertos detalles (¡ah podían hacer eso!) en apariencia superficiales, tales como que también usan gafas de sol, también toman fotos, también responden con algarabía a las solicitudes en vivo de los cantantes, también cargan a su novia en los hombros y que también se suben a la tarima (y que también lo bajan rapidito los de seguridad) entre tantas otras cosas, mostró lo evidente, y que es absurdo que hubiera habido necesidad de mostrar: que los cubanos son humanos antes que “cubanos”.

Probablemente un habitante de la isla se sienta ahora incómodo o incluso ofendido con esta conclusión, pues se basa sólo en asuntos aparentemente banales y soslaya de paso las múltiples dificultades sufridas por pueblo cubano. Pero tal particularidad no es fortuita y es justamente el enfoque de este escrito.

Para el ciudadano flotante en la corriente y criado bajo la hegemonía occidental, un comunista (habitante bajo ese sistema sin importar si estuviera feliz o insatisfecho) ha sido algo semejante a un marciano, con las costumbres, vestimenta y actividades concebidas para un ser verde, lampiño y con antenas, no importando el hecho de que hubiera habido contactos reales con ciudadanos de aquellos regímenes, pues la fuerza y habilidad de los sistemas manipuladores saltan las barreras lógicas para clavar esta y muchas otras aberraciones en el inconsciente. Y tantas y tanto, que para mis contertulios hubiera sido quizá más natural verlos a ellos, a los cubanos, de cualquier otra manera que a así como los vieron.

Era -y seguramente aún lo es- muy difícil desligar a alguien proveniente de la isla del entorno político e ideológico que ha vivido esa tierra en los últimos 50 años, pero ahora, desde afuera, ya muchos observaron que un cubano en Cuba es un ser normal, y aunque su espacio político sea distante al de nosotros, él es uno de los nuestros. Y esto, cuando sea menester, sumará.

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La reestructuración del DAS al estilo Uribe

septiembre 18, 2009 Deja un comentario

“Lo importante nunca ha sido ser, sino aparentar“.

Departamente Administrativo de Seguridad

Se dice por estos días en los medios colombianos que, por primera vez, el presidente Álvaro Uribe quiere cerrar el Departamento Administrativo de Seguridad (que en adelante será conocido con otra sigla (¿AIE?), pero hará lo mismo) a causa de las múltiples acusaciones de interceptación ilegal de llamadas (que en adelante seguirán siendo las “chuzadas”) a miembros de la oposición, sindicalistas, defensores de derechos humanos, periodistas y altos funcionarios del Estado.

Tal novedad es falsa: ya el presidente en el año 2006 había dado a conocer su intención de cerrar el DAS(1) debido al escándalo originado en las acusaciones por las que ahora es procesado el director de la época de ese organismo, Jorge Noguera, las cuales lo acusan a él y a varios de sus subalternos de tener vínculos profundos y para distintos fines con la mafia y grupos paramilitares (que en adelante se conocieron como Águilas Negras, y hacían lo mismo).

Pero en aquella ocasión no sólo no se hizo nada, sino que por acción u omisión se le permitió a este organismo el escudriñamiento de las vidas privadas de muchos de los que le generan algún grado de interés al gobierno. ¿Entonces por qué ahora se aparenta que es la primera y efectiva vez que se transformará el DAS? Pareciera ser por dos cosas.

La primera, sería porque ya no tiene caso que este ente se preserve tal cual ha sido para satisfacer el interés especial del gobierno de saberlo todo acerca de sus “enemigos”. La revista Semana publicó en ediciones pasadas(2) que a pesar del cambio de director, de despidos de funcionarios, de la investigación y el decomiso por parte de la Fiscalía de equipos de interceptación y de todo el ruido ocasionado, el DAS seguía chuzando. La diferencia es que ahora se había tercerizado esta labor: ya no eran miembros internos del ente investigador los que hacían las escuchas ilegales, sino que eran agentes subcontratados (que en adelante podrán ser re-contratados). Luego entonces, cualquier reforma iniciada para supuestamente corregir todo este asunto es inocua: espiar a los contradictores del gobierno ya no se hará ni desde el DAS ni con su logística.

Y si ya da igual, ¿Por qué el acelerado cambio? Como en ocasiones anteriores, por el Patrón.

No es, tampoco, la primera vez que el presidente Uribe se mueve diligentemente para tomar decisiones sólo una vez le hacen esta solicitud los que tienen en sus manos la aprobación del TLC en Los Estados Unidos. Así como cuando, por ejemplo, fue acusado de no respetar a las negritudes, y a los pocos días nombró como ministra de cultura a una mujer afrodescendiente(3); así como cuando fue acusado de no respetar a los sindicalistas y el derecho a la huelga, e inmediatamente se reformó la norma para que fueran los jueces, y no el ministro de la protección social, quien determinara si una huelga era ilegal o no(4); ahora el gobierno oye los reclamos del Congreso Norteamericano y recurre al viejo y burdo truco de cambiarle el nombre a los entes corruptos para que parezcan nuevos y limpios, patraña que tiene su mayor orgullo en El Seguro Social.

Perdido ya el interés estratégico en el organismo, la intención del presidente Uribe de cambiarle el nombre al DAS y trasladar sus muebles de un salón a otro dentro de éste, o incluso con sus vecinos en el Estado, busca simplemente dejar la imagen en el exterior de que él acabó por fin con la versión colombiana de sodoma y gomorra (que en adelante seguirán en donde siempre han estado: en, alias, La Casa de Nari).

Link 1.

Link 2.

Link 3.

Link 4.

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Colombia 2025: ¿un pajazo mental o un cómic para el adoctrinamiento?

septiembre 11, 2009 Deja un comentario

Video de la vicepresidencia sobre la situación del país en el año 2025:


Tomando por consenso general que los ideales no están hechos para alcanzarlos sino para inspirarnos, podríamos considerar de manera sensata que este video no es una profetización real y puntual de nuestra situación dentro de década y media, sino más bien una obra exaltadora que nos empuja a lograr el sueño colectivo de un país mucho mejor.

Pero sucede que los mensajes ocultos contenidos en este documental de 10 minutos dejan a tal visión como una postura bastante ingenua y peligrosa.

¿Qué dice el video entre líneas?

Nos cuenta, en medio del alarde por el talento y el “empuje” del país, que éste no llegará a ninguna parte si no recibe inversión extranjera, por lo que se hace imprescindible la conservación de uno de los pilares que, según el Uribismo, procuran tal situación: “La Confianza Inversionista”.

Argumenta también, con buena dosis de cinismo, que esas multinacionales llegarán aquí buscando el potencial humano. Eso es contra evidente: Es mucho más común que los talentosos viajen al extranjero en busca de grandes empresas que al contrario. Casi todas las firmas que se han instalado en China e India lo han hecho principalmente por la mano de obra barata. Y para el caso de Colombia, vemos que lo que ha funcionado son los incentivos económicos a la inversión foránea.  Lo que quiere decir, de paso, que no se deberán modificar las grandes exenciones de impuestos y los lesivos contratos de estabilidad jurídica a 20 años y que no se deberán aumentar  los salarios en porcentajes importantes para poder ser eso que llaman competitivos.

Nos deja la idea este documental de que en lo superfluo y en lo banal está buena parte de nuestro maravilloso futuro. Que tres veces haya que duplicar la inversión en educación para que seamos grandes haciendo ficticios personajes de Hollywood,  James Bond y Microsoft, y que el cénit del talento creativo sea crear un personaje de un video juego, sólo evidencia que quien creó esta burda propaganda gobiernista está muy lejos de la realidad que nos envuelve o, por el contrario, pretende mantenernos fuera del conocimiento del círculo real de nuestra situación. Dedicar el talento informático a satisfacer los gustos mundiales de entretenimiento y diversión es un desperdicio casi criminal en un país que padece de descuido y falta de infraestructura en áreas vitales como la salud, la educación y el campo. Y no serán los dólares que produzca un bienaventurado súper héroe llamado Bioman los que subsanen todo esto.

Nos dice, de manera general, que hay que creer en ficciones para estar unidos. Este trabajo multimedia, con predicciones que alguien en sus cabales muy difícilmente tomaría por ciertas,  pretende en últimas crear un estado de éxtasis por el futuro del país que nos haga sentir pertenecientes al mismo equipo, que nos haga dar más de lo que siempre damos, que nos  mantenga en un estado de “Cohesión Social”: otra de las doctrinas del Uribismo, y que aquí toca un terreno peligroso. Tantas frases que realzan nuestros talentos y capacidades, que magnifican las bondades de nuestro país, que incluso nos muestran con gran suerte y aquellas ideas que invitan a olvidar el pasado y a que “nada parece imposible” conllevan un poder de alienar las mentes similar al que Hitler les imprimió a sus discursos con los cuales logró convencer al pueblo alemán de que ellos eran una raza superior y que por lo tanto debían conquistar a toda Europa y luego al mundo entero.

Y en últimas, más allá de que no toca problemas actuales como el narcotráfico, la insurgencia, el paramilitarismo, la corrupción, la inseguridad, los falsos positivos, la pobreza, la indigencia, el desplazamiento etc. -a pesar de ya ha corrido casi el 40 % del tiempo para la meta de 2025-, lo más repugnante de todo, es un mensaje subliminal que procura sembrar la idea de que todas estas fantásticas metas las hemos de alcanzar bajo el liderazgo del presidente Alvaro Uribe, pues si nos fijamos bien, la línea del tiempo que aparece en el video empieza desde el 2002, año en que llegó al poder, y más importante, la primera y la última persona que aparece en todo el documental es el presidente. ¿Será este un indicador del tiempo que pretende durar en el poder?

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