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La Cosa Política

agosto 20, 2008 7 comentarios

Banalización mañosa de un editorial.

Inmerso en el obligado planteamiento de imparcialidad, en los medios de comunicación ha existido tradicionalmente un espacio reservado, respetado y hasta venerado para lo que viene siendo la opinión personal de una persona no natural, es decir, un espacio en el que se dan a conocer las posiciones ideológicas, morales o políticas de una organización cuyo objeto social es la comunicación. A tal cosa se le conoce como el Editorial de un medio.

Con éste se pretende, como mínimo, dar guías de opinión a los ciudadanos; aunque en máximas instancias, un comando certero de editoriales han mandado al suelo a ocupadores de las distintas variantes del poder. Es por esto que procurar mantener en alto grado la reputación de este espacio es para sus gestores un asunto prioritario.

Pero al parecer, han surgido recientemente otro tipo de prioridades al respecto.

Dentro del formato estándar moderno de presentación de un noticiero televisivo, el canal privado de televisión RCN irrumpe en varias de sus emisiones con una sesión llamada “La Cosa Política”, la cual es presentada generalmente por una periodista en pie, en un escenario sin atril, con papeles en mano nunca leídos y con pantallas en el fondo que emiten imágenes acordes a los temas tratados, los que, como sugiere el título, abordan mayoritariamente asuntos que tocan la política nacional. Y desde aquí empieza el sucio del editorial.

Usar la expresión “La Cosa” es un modo peyorativo de apelar a cualquier asunto, evidenciando así que las situaciones en las que el país político define las realidades presentes y futuras de la nación son mostradas por este medio como hechos de poca monta, de carácter jocoso y banal, lo cual tiende a aumentar en la población las sensaciones que normalmente se muestran hacia estos temas: apatía, e incluso asco; par de sensaciones propiciadas para mantener a la ciudadanía desinteresada y ajena a la realidad nacional e impunes a la alta rutina política y económica del país.

Pero el título es apenas simple polvo.

El canal RCN ha implementado una serie de técnicas para presentar este aparte del noticiero y dar a conocer con éstas sus puntos de vista sobre los acontecimientos. Tales técnicas no son en lo absoluto nuevas ni hacen parte de ninguna de las escuelas de periodismo, por el contrario, utilizan los modales, risas, tonos de voz y movimientos típicos de las conversaciones informales; modos evidentemente escogidos por ser de carácter familiar, con significados claros, conocidos por el común de la gente.

¿Pero acaso es esta una estrategia del canal para llegarle a la teleaudiencia? Ciertamente sí, pero no para que sea más entendido, sino mejor captado.

Aprobar o refutar un hecho conlleva asumir una responsabilidad sobre lo expresado; es así que adjuntar material probatorio o utilizar sentencias lógicas para controvertir al otro es fundamento para ser tenido en cuenta, pero el canal RCN nunca manifiesta puntualmente si diciente de algo o no, sino que avala o deplora los hechos tratados valiéndose de los gestos del presentador del noticiero, evitando así la barrera de la razón y la necesidad de la sustentación.

Un ceño fruncido, una sonrisa pícara, miradas agrandadas, énfasis puntuales de voz, vaivenes fugaces de cadera y demás histrionismos soltados en el punto conveniente de la noticia, son usufructuados por el canal RCN para sentenciar qué es lo bueno y lo malo según el parecer de sus directivas, sin que éstas queden comprometidas, oficialmente, por haber asumido posición alguna, ya que el contenido de estos videos editoriales, en su parte textual, expresan simplemente un suceso dado, exceptuando algún esporádico comentario corto, cuya redacción en primera persona le da apenas un aire de toque casual y personal del mismo locutor. Vemos así cómo son camufladas las opiniones detrás un arsenal sicológico de gestos e imágenes y finalmente exhibidas tal cual otra noticia más.

En adición, y como punto interesante, todas estas tácticas de expresión le evita al televidente tener que escuchar y seguir con atención lo que dice el periodista para poder entender: basta con que relacione las imágenes desplegadas con el veredicto del gesto consecuente para a la postre captar, y seguir la corriente.

¿Cuál sería entonces la prioridad del canal RCN con esta manera de editorializar?

Evidentemente, llevar a la población por el sendero de sus intereses sin entrar en la lucha complicada y más pareja de las ideas, sino utilizando asimétricas técnicas de manipulación.